¿Nunca te ha pasado que durante el día has sentido ansiedad o estrés pero al despertar a la mañana siguiente has visto las cosas de otra manera? Durante el sueño se producen movimientos oculares rápidos que estimulan de forma bilateral los hemisferios del cerebro, ayudando a reprocesar toda la información que hemos recibido durante el día.

Hoy te hablaremos del EMDR (Eye Movement Desensitization and Reprocessing), un método de psicoterapia que ha demostrado ser efectivo para recuperarse del trauma o de experiencias angustiosas cuando existen trastornos asociados como ansiedad, depresión o estrés postraumático (TEPT).

Fue descubierto por la psicóloga norteamericana Francine Saphiro en 1987, al darse cuenta de que los movimientos oculares inducidos podían mitigar las sensaciones de angustia y estrés después de acontecimientos traumáticos.

El EMDR sirve para mejorar el control emocional al abordar determinados recuerdos traumáticos. Es una terapia avalada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) desde el año 2013, por la Sociedad Internacional de Estudios de Estrés Traumático (ISTSS) y por muchos investigadores de la comunidad científica.

Varios estudios demuestran que, después de un suceso traumático, el cerebro deja de procesar la información con normalidad y las emociones parecen desligadas de otras experiencias. Gracias al EMDR todos los aspectos que habían quedado fragmentados por el trauma se vuelven a estructurar y a ordenar correctamente en la red neuronal.

El cerebro codifica de manera diferente los recuerdos traumáticos.

Cuando una persona experimenta un trauma, su cuerpo produce altos niveles de adrenalina y otros neuroquímicos que afectan a la actividad cerebral. La parte racional se desconecta de la parte emocional, haciendo que sea difícil procesar el trauma mediante mecanismos cognitivos.

Los recuerdos son representaciones mentales del pasado que se almacenan en el cerebro y que, al evocarlos, nos proporcionan sensaciones de felicidad o de angustia. Normalmente se localizan en el hipocampo, considerado “el corazón del cerebro” ya que es la zona que registra más actividad durante el procesamiento de las emociones. Pero a veces, cuando se trata de recuerdos asociados a acontecimientos impactantes, se instalan en la amígdala cerebral y en la corteza frontal, dos áreas relacionadas con la cognición y la modulación de la memoria. Esto sucede de algún modo porque el cerebro está preparado para el aprendizaje e interpreta que esta información es vital para la supervivencia.

Es cierto que el cerebro dispone de sus propios mecanismos que tienden a reforzar los recuerdos positivos y olvidar los más desagradables, pero esto no significa que las experiencias traumáticas no puedan ejercer una influencia negativa en nosotros. De hecho, una de sus manifestaciones más características es el trastorno de estrés postraumático (TEPT). Se estima que una de cada cuatro personas que ha vivido un trauma, experimentará trastorno de estrés postraumático.

El TEPT puede afectar a la actividad cerebral y hay evidencias científicas de este hecho al observar escáneres cerebrales de los pacientes afectados. Después del atentado terrorista durante un concierto de Ariana Grande en 2017, la cantante compartió la imagen de un escáner cerebral donde mostraba el impacto del trauma en su cerebro.

Las regiones cerebrales que pueden verse afectadas por el TEPT son:

  • El hipocampo: es el centro de las emociones y la memoria.
  • La amígdala cerebral: aumenta su actividad. Es la zona del cerebro encargada de captar estímulos y procesar la información.
  • Región cíngulo prefrontal/ anterior: disminuye su actividad. Es el centro de funciones complejas como la planificación y el autodesarrollo.

¿En qué consiste la terapia EMDR?

La terapia EMDR utiliza el sistema de procesamiento que funciona durante la fase REM del sueño para desensibilizar y reprocesar los traumas.

Mediante la estimulación bilateral con movimientos oculares, sonidos o golpecitos en las manos (tapping) se estimulan de forma alterna los hemisferios cerebrales, consiguiendo establecer nuevas conexiones entre los recuerdos traumáticos y aquellos que no lo son. También se ha demostrado su eficacia en el tratamiento de otros trastornos como ansiedad, fobias, dependencias o duelos.

 

La estimulación bilateral puede ser:

  • Visual: el paciente mueve los ojos de un lado a otro guiado por el terapeuta.
  • Auditiva: el paciente escucha sonidos de forma alterna en ambos oídos.
  • Kinestésica: el terapeuta realiza pequeños golpecitos de forma alterna sobre las manos del paciente.

¿Por qué el EMDR es más efectivo que la terapia conversacional en casos de estrés postraumático?

En las últimas décadas la tecnología de los escáneres cerebrales nos ha permitido conocer de forma más precisa lo que ocurre en el cerebro de las personas afectadas por el TEPT y por qué la terapia conversacional no resulta tan efectiva en pacientes sometidos a un gran estrés.

El Dr. Dessel Van Der Kolk explica que: “Tradicionalmente hemos intentado curar el TEPT hablando y dando sentido al suceso, pero los métodos de tratamiento que ayudan a calmar los sistemas de excitación en las regiones más profundas del cerebro han sido más útiles para calmar el TEPT que los que intentan hacerlo mediante la conversación y el razonamiento. A esto lo llamamos: procesamiento ascendente”.

 Hoy sabemos que la capacidad de la parte frontal del cerebro para actuar sobre las regiones más profundas es limitada, sobre todo cuando la persona está atravesando una situación de angustia. La terapia conversacional funciona cuando la parte racional del cerebro se conecta con las emociones, pero las personas afectadas por el trauma tienen dificultades para procesar y dar sentido a sus experiencias.

Además del TEPT, hay otros trastornos que se pueden abordar con una terapia EMDR, pero es importante que sea un profesional de la salud mental quien decida cuál es la mejor técnica en cada caso.

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